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Rangún (Agencia Fides) - El proceso electoral anunciado por la junta militar en el poder en Myanmar que comenzará el 28 de diciembre de 2025, a pesar de estar controlado por los militares, “se traducirá, en última instancia, en una mayor participación civil en el gobierno de la nación y será un pequeño paso positivo”, señala a la Agencia Fides Joseph Kung Za Hmung, católico de Yangon, educador y fundador de la primera universidad católica privada del país. Hace suya una opinión que circula en estos días en la sociedad birmana.
“Veremos disminuir ligeramente la influencia de la junta militar”, continúa. “Habrá comisiones autónomas, se debatirá sobre la liberación de presos políticos, la nación volverá a tener instituciones democráticas, y será un avance positivo que nos permitirá dar un primer paso para escapar del dominio exclusivo de la junta”, señala el docente. “Comprendemos plenamente y no subestimamos las críticas y problemas, el hecho de que estas elecciones no serán completamente libres y que una gran parte de la población no podrá o no querrá votar. Sin embargo, debemos considerar que sigue siendo un voto, una expresión democrática, ciertamente con limitaciones obvias y con resultados parcialmente predecibles. No obstante, sigue siendo el comienzo de un camino hacia el retorno a un gobierno civil, aunque es evidente que el poder político y económico seguirá en manos de los generales, una situación que ha ocurrido en Myanmar durante varias décadas de su historia nacional”, añade.
La junta militar gobernante de Myanmar anunció oficialmente el 28 de diciembre como el inicio de unas elecciones que se extenderán por fases hasta enero de 2026. Actualmente, hay 55 partidos registrados, nueve de los cuales pretenden competir a nivel nacional. La Comisión Electoral del Gobierno ha establecido 330 circunscripciones para escaños en la Cámara Baja, 110 para la Cámara Alta, 364 para parlamentos regionales y 29 para representantes de minorías étnicas. Los observadores señalan que estas circunscripciones también incluyen ciudades ubicadas en zonas controladas por la resistencia, lo que explica la intensificación de los ataques del ejército en un intento por permitir la votación en esas zonas. El régimen aún no ha anunciado la lista de municipios donde no será posible acudir a las urnas. Kung Za Hmung, reconociendo los problemas y las cuestiones críticas, ve sin embargo la votación como “un primer y tenue rayo de esperanza para encontrar una salida a una situación verdaderamente dolorosa porque la nación vive atormentada por un conflicto que la está aniquilando y debemos hacer todo lo posible para romper este estancamiento”. Myanmar está dividido entre zonas firmemente controladas por el ejército (en el centro del país) y otras, en la periferia, controladas por fuerzas de resistencia y milicias étnicas.
“El proceso electoral será incompleto. Se trata de una votación que implicará a aproximadamente el 50% de la población y se celebrará únicamente en zonas controladas por la junta militar”, señala a Fides el padre Stephan Tang Gun, sacerdote birmano y miembro de la congregación de los Misioneros de la Fe presente principalmente en la zona de Myitkyina. Recuerda que “precisamente por esta razón, la votación ha recibido críticas de instituciones internacionales, gobiernos de diversas naciones del mundo y organizaciones no gubernamentales que la califican de 'votación farsa', útil únicamente para afirmar el dominio de la junta militar sobre la nación”. “Esta es una operación con la que la junta militar pretende recuperar legitimidad interna e internacional y dar una impresión de estabilidad”, señala el padre Tang Gun.
“Veremos cómo se comporta la nación tras esta ronda; sin duda, el escenario político será diferente al actual, donde solo una élite militar está al mando”, subraya. “Mientras tanto, la situación sobre el terreno sigue siendo grave, con intensos combates, por ejemplo, en la zona de Banmaw, al norte, y en la región de Sagaing. El conflicto se cobra víctimas y aumenta el número de desplazados”, insiste. Obispos, sacerdotes y consagrados hacen todo lo posible para brindar consuelo espiritual y ayuda material a los desplazados, “incluso en condiciones de gran dificultad, a veces agravadas por las inundaciones”, recuerda el sacerdote. “Y todos seguimos rezando por el futuro del país, pidiendo paz y justicia”, concluye.
(PA) (Agencia Fides 20/8/2025)