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Roma (Agencia Fides) – Con una «Misa de envío» ha concluido el Congreso Internacional dedicado a la «Iglesia de las Gavillas», una iniciativa promovida por el Dicasterio para la Evangelización (Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares), que ha reunido en Roma durante dos intensas jornadas de trabajo e intercambios fructíferos a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de todo el mundo implicados en la labor misionera, el estudio de la misión y el acompañamiento pastoral. El encuentro, celebrado en la Pontificia Universidad Urbaniana y precedido por un profundo trabajo de reflexión compartida en todos los continentes, constituye una etapa más de una reflexión amplia sobre la misión en un mundo multipolar, en el que también las relaciones entre Occidente y el Sur global han experimentado profundas transformaciones en el ámbito eclesial.
La celebración, el sábado 24 de octubre, memoria litúrgica de san Antonio María Claret, obispo y misionero, ha estado presidida por el arzobispo Samuele Sangalli, secretario adjunto y responsable de la Administración del Dicasterio para la Evangelización, en la iglesia del Santo Spirito in Sassia.
En su homilía, el arzobispo ha recordado las palabras con las que el santo fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María describía al misionero: «un hombre que arde de caridad y que quema por donde pasa», que «no se deja asustar por nada» y «no piensa en otra cosa que en cómo seguir e imitar a Jesucristo».
Arzobispo Sangalli: la obra misionera requiere paciencia, no dogmatismos
Hoy, ha observado el arzobispo, a la luz del magisterio del Concilio Vaticano II y del camino sinodal emprendido por toda la Iglesia, resuenan con mayor fuerza las palabras de san Pablo a los Efesios propuestas en la liturgia de la Palabra. El secretario adjunto del Dicasterio misionero las ha releído desde la perspectiva del cardenal Carlo Maria Martini, quien enseñaba que «hay que dejar que la Escritura penetre lentamente». Los distintos dones -recordaba el Apóstol de las gentes- se conceden «para preparar a los hermanos para el ministerio, con el fin de edificar el cuerpo de Cristo», un cuerpo que, «bien trabado y unido», crece «según la energía propia de cada miembro».
Ante los «complejos y, en ocasiones, profundamente contradictorios procesos de globalización» que caracterizan nuestra época, ha continuado, «nos damos cuenta de que los itinerarios de inculturación del Evangelio» y «de los propios misioneros y misioneras» requieren verdaderamente «esa paciencia» que, en el Evangelio del día, el viñador pide al dueño para que la higuera dé fruto. «Paciencia. Pasos adelante y también atrás», ha insistido, sin afrontar las situaciones «de manera automática e irremediable», sino «siempre con espíritu de discernimiento».
El apoyo del Dicasterio para una nueva etapa misionera
El camino emprendido durante estos días, ha añadido el arzobispo Sangalli, puede entenderse como «uno de los muchos procesos» mediante los cuales el Dicasterio acompaña la «actualización de los estilos y las formas de la misión» en todo el mundo. Citando el Salmo 121, ha recordado que el camino hacia la Jerusalén celestial «enciende el corazón de alegría y de deseo de compartir», porque los cristianos sienten que «el destino de todo hombre y de toda mujer que viene al mundo está verdaderamente custodiado en el misterio de unidad que es Dios».
Por último, el arzobispo ha confiado a los participantes en el Congreso las exhortaciones del papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, celebrada el domingo anterior. Se trata de «palabras muy hermosas que indican una dirección» y que el Papa ofrece «para que dejemos que penetren profundamente en nuestro interior»: la misión evangelizadora que Cristo confió a sus discípulos exige, ante todo, corazones reconciliados y deseosos de comunión. Y ha recordado también estas palabras: «Si la unidad es la condición de la misión, el amor es su sustancia».
Arzobispo Nwachukwu: colaboradores en una «iniciativa misionera global»
Al término de la celebración, el arzobispo Fortunatus Nwachukwu, secretario del Dicasterio misionero, ha pronunciado en nombre de la Santa Sede la fórmula de envío. Se ha dirigido a los participantes recordándoles que, reunidos en Roma, han compartido «los dones y las experiencias» de sus Iglesias locales y han realizado juntos un discernimiento sobre cómo impulsar la misión de una «Iglesia para todos: sinodal en el método, misionera en el espíritu y creíble en el amor».
«En nombre de la Santa Sede -ha dicho el arzobispo Nwachukwu-, os confiero el mandato de colaboradores de la Iniciativa Misionera Global de la Iglesia de las Gavillas». Y ha exhortado a los participantes: «Id a hacer crecer una comunión de Iglesias en la que los dones de cada Iglesia local sean acogidos con gratitud y compartidos con generosidad para el bien de todos». Una invitación a prestar «una atención especial a quienes se encuentran en las periferias», a «construir puentes entre culturas y continentes» y a dar testimonio del Evangelio «mediante el servicio humilde y el amor recíproco».
El Congreso celebrado en Roma constituye el primer acto público de un proceso que continuará hasta Pentecostés de 2028. Mientras el multilateralismo atraviesa una crisis en el ámbito político, la iniciativa de la Iglesia de las Gavillas permite vislumbrar cómo las Iglesias siguen compartiendo y alimentando juntas un «multilateralismo eclesial», vivido como intercambio de dones y como manifestación histórica de la comunión que florece a partir de la fe compartida de los Apóstoles.
(MLK) (Agencia Fides 24/10/2026)