Addis Abeba (Agencia Fides) – La coalición rebelde anunciada hace unos días ha pasado a la ofensiva y uno de sus principales integrantes, el Tigray People's Liberation Front (TPLF), ha tomado el control del aeropuerto de Mekelle.
El 20 de septiembre, siete grupos armados etíopes -entre ellos antiguos enemigos que se enfrentaron en bandos opuestos durante la guerra civil de 2020-2022- anunciaron la formación de una alianza con el objetivo de derrocar al Gobierno del primer ministro Abiy Ahmed. La Alianza de las Fuerzas Populares Etíopes por la Supervivencia reúne a una coalición heterogénea de organizaciones procedentes de distintas zonas del país: desde Tigray, en el norte, hasta las milicias Fano de Amhara, pasando por el Ejército de Liberación Oromo y otros grupos armados. Algunas de estas formaciones se han enfrentado entre sí en el pasado, pero por el momento han dejado de lado sus diferencias para unirse contra el Gobierno central.
El objetivo declarado de la alianza es derrocar al Gobierno federal y establecer una administración de transición. Los grupos que la integran consideran que la gestión de Abiy Ahmed supone una amenaza directa para la supervivencia de sus respectivas comunidades.
El Gobierno de Addis Abeba ha afirmado que los miembros de la alianza llevaban tiempo colaborando con apoyo financiero de Eritrea. El conflicto etíope podría, por tanto, reavivarse y afectar a una parte significativa de la Federación, con posibles repercusiones sobre el conjunto del equilibrio regional.
Etiopía constituye, en efecto, un importante espacio estratégico desde el que es posible influir en el equilibrio de los países ribereños del mar Rojo. En primer lugar, Eritrea, que ya estuvo implicada en el conflicto de Tigray. Después, Sudán, donde, según diversas acusaciones, desde bases etíopes llegarían suministros a los milicianos de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y también podrían haberse lanzado ataques con drones contra objetivos del Ejército sudanés (véase Fides, 25/8/2026).
Por último, Yibuti y Somalilandia, región septentrional de Somalia que declaró unilateralmente su independencia en 1991 y que, por el momento, solo ha sido reconocida por Israel. El Estado hebreo parece disponer ya de una instalación militar en Somalilandia y, según una investigación del diario Haaretz, acogería en Tel Aviv a un grupo de oposición eritreo.
La evolución de la crisis etíope no es ajena a los acontecimientos que se producen en la orilla asiática del mar Rojo, que inevitablemente tienen repercusiones también en la africana de esta estratégica vía marítima. Mientras los rebeldes hutíes yemeníes controlan ya el acceso al estrecho de Bab el-Mandeb, grandes y medianas potencias se están moviendo para consolidar y ampliar su presencia en la costa africana.
China está ampliando su base militar en Yibuti, la única instalación militar en el extranjero que Pekín reconoce oficialmente, lo que genera preocupación en Francia, Estados Unidos, Japón e Italia, que también disponen de bases en este pequeño pero estratégico país africano.
Estas preocupaciones podrían haber llevado a Washington a buscar nuevos puntos de apoyo en la zona. Entre ellos podría encontrarse Eritrea, a cuyo Ejército y otras entidades se han levantado precisamente estos días las sanciones estadounidenses que les habían sido impuestas. La decisión de la Administración Trump ha sido interpretada como un intento de reforzar las relaciones con Asmara.
Las sanciones habían sido impuestas por la Administración de Joe Biden en 2021 al partido en el poder, a las Fuerzas Armadas eritreas y a algunos altos funcionarios del país por su papel en la guerra de la vecina Etiopía, donde las fuerzas eritreas habían apoyado a las tropas etíopes en su lucha contra las autoridades locales de la región septentrional de Tigray.
Washington está también presente en Puntlandia, región autónoma de Somalia enfrentada al Gobierno establecido en Mogadiscio (véase Fides, 21/9/2026).
La evolución de la situación en Etiopía podría tener, por tanto, repercusiones mucho más allá de las fronteras del país, afectando a los Estados africanos ribereños del mar Rojo y, más en general, al equilibrio estratégico de una de las principales rutas marítimas del mundo.
(L.M.) (Agencia Fides 23/9/2026)